#17 Cómo escribir una sinopsis y no morir en el intento.

Que levante la mano quien odie hacer sinopsis. Que vengan a darme un abrazo, que ya sabemos lo que dicen: eso de mal de muchos, consuelo de tontos. Creo que no hay algo que se me haga tan inútil y, a la par, sea tan importante como una buena sinopsis, que es la carta de presentación de nuestra obra, el anzuelo que debe morder el lector potencial. Aquí os cuento las claves sobre cómo escribir una sinopsis y no morir en el intento.

Existen personas que tienen el don de saber escribir sinopsis bonitas y pregnantes. En dos párrafos o a veces, incluso uno. En apenas cuatro líneas te quitan el aliento y los lectores caen como moscas. Otras nacimos con el don de dormir dieciséis horas seguidas. Cada uno con lo suyo.

Por supuesto, se pueden escribir sinopsis como a uno le dé la real gana, no hay nunca normas, pero dado que es algo más publicitario que literario, sí que hay unos cuantos consejos o pautas útiles para seguir si no se tiene arte y no se forma parte de ese excelso grupo besados por el ala de la sensibilidad artística. O directamente, como a mí, te da pereza pensar en la sinopsis.

Esto no es para nada una entrada en la que digo cómo escribir sinopsis, sino en lo que yo me baso para hacerlas y que queden, más o menos, decentes sin complicarnos la vida, porque, en realidad, cuando hablamos desde el punto de vista de una historia, como guionistas, por ejemplo, si nos piden una sinopsis no nos están pidiendo lo que escribimos en el apartado de sinopsis de Wattpad, porque eso no se llama sinopsis.

Creo que el principal problema por el que no sabemos escribir sinopsis es porque directamente ni siquiera sabemos qué es una sinopsis.

¿Y qué es? Pues la historia tal cual. Cuentas todo de la forma más breve posible, en un párrafo como mucho: primer, segundo y tercer acto; primer y segundo punto de giro. No dejas nada para la imaginación del lector. ¿Y eso por qué? Porque la persona que va a invertir en tu historia necesita saber si es buena o mala en función de los momentos clave.

Pero claro, no podemos decir en la «sinopsis» todo lo que va a pasar en la historia porque, si ya nos la cuenta, para qué leemos. Para nada. No hay sorpresas y se acaba la magia de la historia. Entonces, ¿qué escribimos ahí? La premisa, señores, la premisa.

Tendemos a pensar que «la premisa» es la idea, y no. La idea tiene principio, nudo y desenlace y cuando se escribe un poco más desarrollada se convierte en la sinopsis. La premisa es escribir lo que va a pasar en la historia. De: «érase una vez un tío o una tía y le pasó esto».

La premisa es contar a grandes rasgos el primer acto y dejar la tensión en el punto álgido, el primer punto de giro. Esa es nuestra baza. Nuestro primer punto de giro. Porque junto con el segundo es donde más se concentra el dramita, la chicha, el salseo bueno y nos interesa desvelar el primero y no contar el segundo. Se puede ser, más o menos, sutil pero ahí tiene que estar.

¿Por qué así?

Porque si cuentas el primer punto de giro, y a los lectores les gusta, no van a parar de leer hasta que no lleguen a ese momento para satisfacer su morbo. Entre la primera palabra y la última del primer acto lo que hacen no es desvelar, sino disfrutar. Disfrutan de la forma en la que presentas a tus personaje, la localización, la manera en la que narras, la estética, el ambiente. Esto es una forma de lucirse y convencer de que se escribe bien y así, cuando llega al primer punto de giro, la lealtad del lector debería estar afianzada.

En el primer acto de una historia existen dos momentos importantes. El primer plot point es el segundo. Antes de nada, llega el detonante, que puede ser un punch interesante a modo de antecedente. Es el momento en el que uno se da cuenta de que empieza la historia, pero no tiene fuerza suficiente para proyectar hasta el final, sino que es lo que lleva al primer punto de giro y ahí se enredan todos los hilos. A partir de aquí, el lector tendrá que leer algo más que la sinopsis para saber cómo se va a solucionar el problema, el drama, el salseo bueno.

Nos da igual que la primera parte de la obra se desvele en la sinopsis, al contrario, nos conviene. En la primera parte no tenemos que sorprender, tenemos que presentar y sobre todo, mostrar habilidad formal a la hora de escribir, desplegar todo nuestro estilo. Como añadido, no viene mal incluir todos los elementos pregnantes que encontréis, aunque luego no sean relevantes.

Ahora bien, ¿por qué he dicho eso de que tiene moral ambigua? Porque la tiene, porque es un elemento de marketing y hay distintas técnicas para llamar más la atención o acercarse a determinado target, según se quiera vender.

Sin embargo, el romance es lo que más tira y lo sabemos. Todos sabemos que los títulos de las películas y los libros cambian según el país, igual que las portadas y los pósters. Esto es por un tema cultural. La película de Eternal sunshine of the spotless mind en España se tituló Olvídate de mí. En un lugar se vendió como comedia romántica, en otro como drama romántico, en otro como indie de ficción general, porque depende de la sociedad. Es muy importante. Lo que le llama a los japoneses no les llama a los americanos. Pues con la sinopsis igual.

Conclusión: una sinopsis para salir del paso correcta no es complicada. Lo único que necesitamos es conocer nuestra historia, identificar los puntos fuertes, el tipo de objetivo al que se la queremos vender  —recordad que quien mucho abarca, poco aprieta— y usar todo eso para arropar el primer punto de giro, dejando con ganas de más.

Lo importante es que el lector se entere de lo que va a encontrarse en el planteamiento y vaya con las ideas muy claras, para que el escritor en su mente le vaya dibujando los planos que se rellenarán durante el nudo. Una sinopsis que no vale nada, por muy bonita que esté, es aquella que nos deja igual que como empezamos: ignorantes.

Y también incluyo las que enseñan fragmentos del libro descontextualizado. Mucho cuidado.

El ser humano lleva contando historias desde que pintaba en las puñeteras cuevas. Nadie es original. La modestia a veces es atractiva, creedme. Si alguien te tiene que calificar de magnífico o trepidante que sean tus propios lectores, porque entonces estaréis a un paso de quitaros las costillas flotantes para chupárosla a vosotros mismos al estilo Marilyn Manson.

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